Palabra de honor
Una pareja entra en un bar y después de un rato, ella deja de llorar y se quita las gafas de sol que hasta entonces la cubrían. Él pide al camarero que se acerque y le pide un paño seco. Mejor un quitamanchas dice ella. El camarero observa el top de ella, abrochado al cuello y sin mangas, lleno de pedrería que nunca debería llevarse a las cinco de la tarde, y justo en el pecho, una mancha larguirucha que no puede haber sido producida por el café solo que ambos toman. ¿Con qué se ha manchado? pregunta el camarero a la mujer. Ella responde que es de una crema de las que se usan para desagrietar las manos. Pero ya está seca, tal vez el quitamanchas no haga nada, aconseja el camarero. Mejor traiga el paño con un poco de gaseosa, pide el hombre. Y la mujer, apresurada como una Lady Macbeth de barrio, se dispone a limpiar con el paño húmedo su mancha en un movimiento feroz, de abajo a arriba, que la suelta los corchetes y la arranca el top, dejándose al descubierto en un striptease momentaneo, con un sujetador palabra de honor color blanco que la hace reaccionar rapidamente mirando a ambos lados de la barra y cubriéndose acto seguido con las manos, ante los poco estupefactos ojos del camarero.
