Una estrella de David sobre la puerta
Llamaron a la puerta. Hoy hace dos años. Primero una voz que chocó contra la madera y gimió mi nombre. Luego un carraspeo de dedos.
Desde entonces no ha vuelto a llamar nadie.
Aquella vez no abrí.
Desde entonces entran sin llamar: primero a patadas, luego con llaves propias que no recuerdo haber entregado o a la vez que yo entro, empujando con el pie, cortándome el paso e introduciéndonos.
Desde entonces no ha vuelto a llamar nadie.
Aquella vez no abrí.
Desde entonces entran sin llamar: primero a patadas, luego con llaves propias que no recuerdo haber entregado o a la vez que yo entro, empujando con el pie, cortándome el paso e introduciéndonos.
