Alguien vino al día siguiente (para Lady Lauri)
Había un cuartucho a oscuras en el ala sur de la casa donde nadie nunca entraba. En los planos del arquitecto, si alguien los hubiera tenido, ni siquiera aparecía. No tenía puerta ni ventanas, pero al Sr. Stoll le extrañaba, todas las mañanas al salir, la forma de su casa. Se detenía siempre un momento a quince pasos acera adelante, y retrocedía la vista hasta el viejo tilo, para ver como una pequeña chepa sobresalía detrás de su salón. Y con esa desazón diaria se iba a trabajar.
