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Connie Sellecca

Connie Sellecca Connie Sellecca (born Concetta Sellecchia on May 25, 1955) is an American actress of Italian descent. She is best known for her roles as William Katt’s girlfriend, Pam Davidson on The Greatest American Hero, and as James Brolin’s promotions manager and later girlfriend Christine Francis in the serial, Hotel. Her most recent movie is the 2006 film Last of the Mustangs.

Sellecca, an Italian American, was born in The Bronx, New York City. She moved to the Rockland County, New York village of Pomona at the age of 12. She attended Pomona Junior High School and Ramapo High School in Spring Valley, where she first became interested in the performing arts. Though she would later attend Boston College, she withdrew before graduating to pursue a career in acting.

Sellecca made a name for herself as a fashion model, after she starred as "Pam Davidson" on The Greatest American Hero. After Hero ended, she was released from her contract in time to audition for the part of "Christine Francis" on the television drama Hotel, opposite James Brolin. She played this role from 1983 to 1988.

[edit] Family

Sellecca has one sister, Rosann Mack. Their parents are Ann and the late Primo Sellecchia.

Gil Gerard was married to Sellecca (1979–1987). Their son, Gilbert "Gib" Vincent Gerard, was born in 1981. She has been married to infotainer/pianist John Tesh, since April 4, 1992. They have a daughter, Prima Sellecchia Tesh, on June 2, 1994. She is named after Sellecca’s late father.

Sellecca is a born-again Christian[citation needed].

Dinah Washington

Dinah Washington NOMBRE REAL: RUTH LEE JONES
NACIDA EN: TUSCALOOSA (ALABAMA)
FECHA NACIMIENTO: 1924. 29 AGOSTO
FALLECIDA EN: DETROIT (MICHIGAN)
FECHA FALLECIMIENTO: 1963. 14 DICIEMBRE

Dinah Washington, se acercó a la música profana después de haber sido pianista y corista en una iglesia baptista del South Side de Chicago, donde residía con su familia. Aun adolescente, ganó un concurso para aficionados en el "Chicago Regal Teathre", iniciando entonces un recorrido por los garitos de blues de la ciudad y diferentes locales de música negra. En 1940 actuó con Sallie Martin, una de las figuras mas representativas del sonido gospel afroamericano, y fundadora del primer grupo femenino de gospel.

En 1943, tuvo la fortuna de que la escuchara cantando en el "Garrick’s bar", un club de Chicago, el director de bigband, Joe Glaser quien tras escucharla se la presentó al tambien líder de orquesta, Lionel Hampton, que no dudo en contratarla nada mas oírla. Con Hampton, Dinah Washington, estuvo hasta 1946 y fue en el seno de la formación del vibrafonista, cuando decidió cambiar de nombre artístico. Tras un fructífero periodo de madurez con la bigband de Lionel Hampton, la casa discográfica "Apollo" le ofreció la posibilidad de actuar y grabar en solitario. Con un repertorio cercano al Rhythm and Blues, y con temas escasamente originales, Dinah Washington no tardó en salir de Apollo, donde a pesar de todo, cantó unos cuantos blues memorables recogidos en el disco: "Mellow Mama" (Delmark, 1992). Aprovechó la ocasión para salir de Apollo, cuando el sello Mercury le ofreció un sustancioso contrato y la posibilidad de grabar los temas que ella quisiera. En 1959 llegó su mayor éxito popular con el celebérrimo: "What a Difference a Day Makes", versionada posteriormente por Sarah Vaughan y Esther Philips, y recientemente sacada del cajón del olvido por servir de banda sonora en un anuncio publicitario televisivo.

A partir de los años cincuenta se ganó a pulso el apodo de "Reina del Blues" que le pusieron sus admiradores, y sus discos se colocaban uno tras otro en las lista de los mas vendidos de Norteamérica. Entre 1950 y 1960, grabó para Mercury y para su filial, Emarcy lo mas granado de su discografía con alguna que otra obra maestra indiscutible como el disco grabado en 1954 titulado: "Dinah Jams!" o el homenaje, sincero, emotivo y lleno de swing al maestro Fats Waller en 1957. Su personalidad, su fuerza en los escenarios y su canto, a mitad de camino entre la fuerza de Bessie Smith y el fraseo de Billie Holiday, enganchó de tal manera a los aficionados a su música que las ventas de sus discos no tenían frontera de estilo. Era tan conocida fuera de los ambientes jazzisticos o bluseros como fuera de ellos, y tuvo la capacidad para vender sus discos fuera de los confines raciales del mercado.

En sus últimos años, Dinah Washington, fichó por el sello Roulette, donde prolongó acertadamente su trayectoria jazzistica sin apenas cambio de conceptos: orquestaciones sinuosas, repertorio variado, baladas tristes y alguna que otra concesión a las modas comerciales. Un exceso de somníferos ingeridos en estado de embriaguez acabó con su vida en Detroit, donde residía, poco antes de la Navidad de 1963.

Gloria Grahame

Gloria Grahame Una mujer de cine negro: Gloria Grahame, actrir de películas como "Que bello es vivir" de Capra, "Encrucijada de odios", "Cautivos del mal" de Minnelli o "Los sobornados" de Fritz Lang. Nació en 1923 y murió de cáncer en1981. Estuvo casada con Nicholas Ray, con el escritor Cy Howard y con su hijastro Nicholas Ray, entre otros. Siempre daba un perturbador perfil de "femme fatale", aunque aquí parece mostrar un genio más apacible.

Liz Taylor

Liz Taylor

Monica Belluchi

Monica Belluchi

Jackie Kennedy Onassis

Jackie Kennedy Onassis

Jean Seberg

Jean Seberg

Hace casi medio siglo, el mundo descubrió a una americana menuda y frágil, con el pelo cortado a lo garçonne, con los ojos entre azules y grises, que paseaba por los alrededores de París con Jean Paul Belmondo en Al final de la escapada (1959), de Jean--Luc Godard. Se llamaba Jean Seberg. Había sido descubierta unos años antes por Otto Preminger entre miles de aspirantes para encarnar a Santa Juana, la Juana de Arco soñada por George Bernard Shaw. Hasta entonces poco se sabía de ella: había nacido en Iowa en 1938, descendía de emigrantes suecos y era la chica mona a la que adoraban los integrantes del equipo de fútbol de su ciudad. Pronto se convirtió en una especie de mito: encarnaba a la mujer moderna como antes lo había hecho Katharine Hepburn y como en los 70--80 lo haría la fugaz Dominique Sanda de Noveccento y Más allá del bien y del mal.

Rica y famosa, se casó con el novelista y diplomático de origen lituano Romain Gary (1914--1980), con quien mantuvo durante diez años una relación de amor y desamor. Era la vieja estampa del intelectual, sabio y maduro, y la joven diosa, la cazadora solitaria en que habría de convertirse pronto. Jean Seberg fue una mujer tempestuosa: vivía en el abismo de la pasión, en el límite de una enajenación inicialmente controlada, y poesía una lunática y poderosa personalidad.


Tuvo muchos amantes. El novelista mexicano Carlos Fuentes, casado a finales de los 60 con la actriz de Nazarín de Buñuel, Rita Macedo, sucumbió a sus encantos, y se quedó hechizado por ella. Le ha dedicado una novela, Diana o la cazadora solitaria (Alfaguara, 1994), donde le cambia el nombre por Diana Soren. La relación, que llegó a ser intensamente emocional y erótica (a veces el lector se sorprenderá con la sinceridad del autor al hablar de "la infinita capacidad sexual de Diana" y de sí mismo), contabilizó más de mes de convivencia a lo largo de casi un año. En la novela, sorprende el lado oscuro de Seberg, su rabiosa independencia y su compromiso con las causas perdidas de los Panteras Negras, del hippismo o de los derechos humanos. Era desconcertante y asumía sus traiciones: durante el rodaje de La leyenda de la ciudad sin nombre se enamoró de Clint Eastwood y vivió un romance con él; al volver al apartamento que compartía con Fuentes, colocó un retrato de Eastwood de vaquero en La muerte tenía un precio. Carlos Fuentes viene a decir que era una mujer desquiciada, con un enigmático lado oscuro, que perturbaba a cualquiera y podía llegar a ser muy cruel. Era la mujer fatal, quizá sin saberlo, aunque iba de aquí para allá seduciendo muchachos, buscándolos en las tabernas de Estados Unidos o París, y consumiendo alcohol y droga. Hubo un momento en que fue perseguida por el FBI, habida cuenta de que era una estrella contestataria de Hollywood. Hacia 1970, poco después de cambiar a Carlos Fuentes por otro amante y reprocharle, según dice en su novela, que "era menos culto que Iván Gravet (Romain Gary)", se quedó embarazada. Alguien hizo llegar a la prensa el rumor interesado de que esa criatura era de un integrante de Las Panteras Negras. La desgracia se cebó en ella, el niño murió a los tres días, pero antes Jean Seberg tomó al cadáver más de doscientas fotos. Estaba al borde de la destrucción.

Quizá por entonces, o a mediados de los 70, la conoció y la amó el realizador Ricardo Franco. Fue para él una experiencia increíble: Jean Seberg, que nunca fue una gran actriz, seguía siendo una criatura irresistible, una leyenda de carácter insondable y aniquilador. Subyugante, sin duda, tierna, díscola, rebelde. Era un doloroso misterio y quizá un naufragio continuo como ser humano. Ni Ricardo Franco ni Carlos Fuentes pudieron olvidarse de ella, ni siquiera Gary que se suicidó en París en 1980, un año después de la muerte en extrañas circunstancias de Seberg: hacía tiempo que estaba al borde de la locura. Lo mismo salía toda desnuda del baño de un aeropuerto que había decidido alimentarse tan sólo de comida para perros. O que intensificó su atracción por la defensa de los negros a través de su amistad con el escritor homosexual James Baldwin. Apareció muerta en un Renault, envuelta en un poncho (Fuentes dice que era exactamente igual que él que le había regalado tiempo atrás), con el cuerpo abrasado por quemaduras de cigarrillo, una botella de agua y una nota de suicidio.

Fuentes no se olvidó jamás de ella. Y Ricardo Franco, muerto mientras le rendía su último homenaje, tampoco. En Lágrimas negras --la valiente e intensa película que terminó el finado Fernando Bauluz y un equipo entusiasta de colaboradores--, Ariadna Gil encarna en cierto modo el fantasma de Jean Seberg: aquel infierno y paraíso de pasión y de locura concentrado en un ser humano, signado por la enajenación, la mentira compulsiva, la autoaniquilación, la incertidumbre de vivir y la imposible felicidad. Y lo hace con una interpretación antológica y medida que reproduce a la perfección el frunce violento, la mueca torva, la ternura íntima y el amor oceánico de una loca que se sabe condenada al fuego en un coche frente al mar, aunque un hombre normal y romántico como Fele Martínez --fotógrafo y realizador de vídeos en el filme-- crea que pueda redimirla con amor de tanto sufrimiento en una historia en que ambos, Fele y Ariadna (¿o tal vez Ricardo Franco y Jean Seberg?), nos dejan perplejos y temblando. Y con ellos tiemblan también Elena Anaya y Ana Risueño en una actuación estupenda. Tiemblan y pierden porque Lágrimas negras es un testamento sobre la inútil pasión cuando sobreviene la locura.

 

De Antón Castro

Laeticia Casta

Laeticia Casta

Allegra y Donatella

Allegra y Donatella

Lotte Lenya

Lotte Lenya La mirada de una mujer fascinante y turbadora: Karoline Charlotte Blamauer. Pasó a la historia como Lotte Lenya. Maltratada por un padre alcohólico, que quería que suplantase a su hermana muerte, llegó a ejercer la prostitución. Luego se casó con Kurt Weill en Berlín, en 1926, y obtendría un enorme éxito en Estados Unidos como actriz y cantante. Tuvieron una relación tumultuosa, llena de amores contingentes. Su relación, en ocasiones, recuerda a la de Jane y Paul Bowles. Existe en España una biografía, publicada en Circe, de Donald Spoto, biógrafo de Alfred Hitchcock, Marlene Dietrich o Ingrid Bergman, entre otros. Esta magnífica foto, que es la de la edición española de su biografía, la realizó la fotógrafa alemana Lotte Jacobi (1896-1890).

Victoria Beckham

Victoria Beckham

Greta Garbo

Greta Garbo

Janis Joplin

Janis Joplin

Florbela Espanca

Florbela Espanca
Una de las escritoras más fascinantes de Portugal es Florbela Espanca. Nació en Vila Viçosa en 1894 y se suicidó en 1930. En el país vecino es una auténtica gloria nacional: no es tan conocida como Pessoa o Torga, pero a nadie le ha pasado inadvertida su figura, tan atormentada, tan infeliz y tan lúcida, ni mucho menos su obra poética que alcanza su cumbre en el soneto y, en cierto modo, en su copioso epistolario. Como le sucedió a Rilke. Por su existencia, tan llena de sombras y de espantos, Florbela Espanca pertenece a ese grupo de mujeres herido por el dolor, la soledad y la desesperación. Pensemos en Delmira Agustina, en Alfonsina Storni, en Rosalía de Castro, en Anne Sexton, en Silvia Plath o Alejandra Pizarnik, cuyas existencias fueron un combate constante contra las circunstancias adversas que les rodearon y contra sus propios fantasmas. Contra las negras sombras. Las semejanzas, de partida, entre Rosalía de Castro y Florbela Espanca son curiosas: a ambas tardó en reconocerlas su propia madre; la de Florbela Espanca trabajaba de asistenta en la casa de su padre, Joao Maria Espanca, un personaje de rango que era fotógrafo, pintor y pionero de la cinematografía en Portugal, y la esposa de éste figuró como su madrina. Florbela estudió pintura, música, fue una gran lectora y con sólo ocho años compuso su primer soneto, que iba a ser su modalidad preferida. Tuvo una vida presidida por la insatisfacción y el amor: se casó tres veces y, salvo en los momentos iniciales del fervor, siempre se sintió desgraciada. Padeció numerosas enfermedades, varios abortos que acentuaron su sentido melancólico y, en medio de las vanguardias (y de la obra de Mario de Sa-Carneiro, Pessoa, Teixeira de Pascoaes, etc.), eligió un camino personal, solitario: la lírica amorosa, en cierto modo intemporal, intensa, ardiente, de una sensualidad tangible, que acabó desplazándose del paisaje y de la cosmovisión hacia el placer, la carne y la entrega. Olifante publicó hace algún tiempo “Las espinas de la rosa” (2002), una selección de sonetos que ha traducido con solvencia y en versión rítmica Ángel Guinda.

Mae West

Mae West

Susanita

Susanita

Olga Ramos

Olga Ramos Trinidad Olga Ramos Sanguino nace en Badajoz. Su padre, un guapísimo teniente de mucho porte y exiguo jornal; su madre una voluntariosa mujer con una voz de ángel y tristemente desaprovechada por los tabúes de entonces. Afortunadamente, sus genes los hereda la pequeña Olga, que ya cantaba en el vientre de su madre. Cuando quiere ser artista, su padre (el militar de los bigotes retorcidos) le impone la condición de aprender música y comienza sus estudios de violín en el conservatorio de Badajoz con D. Joaquín Macedo. Al llegar a la Villa y Corte, continua su carrera musical, esta vez con D. Enrique Iniesta y D. José Bordas, obteniendo el Primer Premio de Música de Cámara en el Real Conservatorio de Madrid. Olga Ramos no es sólo una exquisita cantante si no una insigne violinista por lo que, en cierta ocasión, el maestro Sorozabal comenta: “esta mujer debiera dedicarse al violín...” En los años 40 y 50 recorre, como figura imprescindible, los cafés-concierto más importantes de España y el periodista Emilio Romero la califica como “la peregrina de los viejos cafés con música” En el Café Universal, mediados ls años cincuenta, conoce a Enrique Ramírez de Gamboa “El Cipri” que la conquista a golpe de verso y con el que se casa en 1.947, formando desde entonces una de las parejas musicales más reconocidas. Tras una brillante trayectoria, Olga Ramos se encarga en el año 1.968, de la dirección musical del restaurante romántico “las noches del cuplé”. Allí realiza una labor personal y se convierte en reina del género y el público descubre una forma única de interpretarlo. Autodidacta, crea escuela y rescata del olvido cuplés que no habían vuelto a escucharse desde los años treinta. En México cosecha un triunfo resonante, rueda la película “¡Púm!” y queda en el recuerdo de todos con esta definición: “Olga Ramos le puso voz al cuplé".

Virginia Mayo

Virginia Mayo

Nico

Nico

Concha Piquer

Concha Piquer