Subway Shakespeare
El primer medidor de penes mundial.
31 de marzo.- Me encanta leer las revistas que las compañías aéreas ofrecen a los pasajeros en sus aviones. Sí, las que acompañan a la bolsa de los vómitos y las instrucciones de seguridad, en el bolsillo delantero del asiento. Ah, y ahora también podemos encontrar el menú con los precios de los panchitos y la coca-cola, porque ya no los dan gratis... (daños colaterales del 11-S, en serio).
Hay personas que las ojean con cierto desdén o mucha desgana. Ya, la letra impresa, aunque vaya acompañada de fotos a todo color de destinos paradisíacos, suele impresionar mucho en nuestro país.
También es cierto que los viajeros habituales, como los usuarios diarios (que los hay) o semanales del puente aéreo, no suelen entusiasmarse con estas publicaciones, básicamente porque tienen una periodicidad mensual y, la verdad, al cabo de dos vuelos, ya te las sabes de cabo a rabo, ya no te sorprende lo maravillosamente grande que es Kazajstán en un mapamundi y te sabes de memoria todas las rutas que ofrece la línea aérea en cuestión, así como su flota.
Yo suelo leer estas revistas corporativas con absoluta fruición y de pe a pa. No sólo por compañerismo periodístico, que también, sino porque suelen ser fuente de inspiración en más de una ocasión. El otro día, gracias a la revista ’Spanorama’, de Spanair, claro, en su sección ’Grandes viajeros’, descubrí la figura de Sir Francis Burton, un personaje de importancia histórica con todas las de la ley.
Este caballero, militar, aventurero, explorador y un largo etcétera, fue el primer ciudadano occidental en conseguir entrar en La Meca, en 1853, además de traducir al inglés ’Las mil y una noches’ y nada más y nada menos que el Kama Sutra. Burton fue uno de los personajes más controvertidos de la era victoriana precisamente por su interés en la sexualidad humana, algo que en pleno apogeo del puritanismo le creó más de un problema.
Durante sus expediciones por África u Oriente Medio, Burton solía mostrar un inusual interés en la sexualidad. En sus cuadernos de viaje anotaba las costumbres y técnicas sexuales de los diferentes pueblos con los que contactaba, dando a entender en más de una ocasión que había participado en algunos de ellos, para escándalo de sus conciudadanos.
Y dale con el tamaño...
Por si esto fuera poco en aquella época, al mismo tiempo que intentaba encontrar dónde nacía el río Nilo, también se encargó de hacer mediciones de la longitud de los penes de los habitantes de varias regiones por las que pasó en sus expediciones. En este sentido, podríamos decir que este hombre fue un verdadero pionero de la sexología. Sin duda, sus métodos y sus fines siguen siendo muy llamativos, especialmente por lo que respecta al tema del tamaño del pene, sin embargo no podemos dejar de lado que, por puro falocentrismo histórico, éste es uno de los temas estrella del estudio de la sexualidad humana.
Desde que Sir Francis Burton recorrió la sabana africana armado de una cinta métrica ha llovido muchísimo, pero los estudios sobre el tamaño del pene se han sucedido sin parar. Alfred Kinsey, el padre de la sexología moderna, incluyó en su famoso Informe publicado en 1948 una clasificación general de la población masculina mundial extrapolando los datos obtenidos tras el estudio y la observación de 2770 hombres. El promedio de su investigación arrojó los siguientes datos:
- Pene pequeño (menos de 14 centímetros de longitud), 28’3%
- Pene mediano (entre 15 y 17 centímetros) 50’3%
- Pene grande (entre 18 y 20 centímetros), 15’2%
- Pene enorme (más de 20 centímetros), 6’2%
Posteriores estudios realizados arrojan unos datos que no difieren demasiado de los aportados por el Informe Kinsey. O sea, que en la mayoría de los casos, el pene tiene una longitud que oscila entre los 13 y los 15 centímetros. Hay que tener en cuenta que, cuanto más pequeño es un pene, más suele crecer en el momento de la erección. Un pene fláccido de menos de 7’5 centímetros incrementa su tamaño en un 260% en el momento de la erección. En el caso de los penes que exceden esos 7’5 centímetros de referencia, el aumento sólo es del 165%. Cuestión de justicia divina, sin duda.
El MUndo
En el mundo de la perfumería, la palabra musk es una palabra mágica. Es una esencia de origen animal, un olor cálido, dulce y que perdura en el tiempo. Originalmente, la esencia era extraída de las glándulas de los ciervos de Tíbet, China y Nepal. Este aroma provoca la atracción sexual en las hembras y es por ello considerado como un perfume erótico. El extracto de origen animal ha sido actualmente sustituido por sus derivados sintéticos, con el fin de evitar la extinción del ciervo, sin por ello afectar a la calidad del perfume. Pese a todo, los orígenes del musk siguen rodeados de mitos y leyendas.Al final de los años 60, aires de cambio soplaron a lo largo y ancho del mundo. Los jóvenes comenzaron a levantarse frente a las reglas de las generaciones anteriores. La música cambió, las costumbres cambiaron, la moda cambió. Las nuevas generaciones, empezando desde Estados Unidos e Inglaterra, abrazaron filosofías orientales en búsqueda de formas de vida más sencillas y naturales. Este nuevo estilo de vida se reflejó también en las fragancias. Las nuevas generaciones ya no querían las fragancias sofisticadas de sus padres, sino fragancias sencillas cuyas raíces se basaban en la cultura oriental. La mitologíaLa Medicina Oriental en China, India, Arabia y Japón atribuye muchas propiedades al Musk natural. Los efectos afrodisíacos de la misma han sido los más enfatizados en el sector de la perfumería. La leyenda del Musk reside en la mitología Hindú. El demonio Pulaka, después de haber sufrido un largo y estricto castigo bajo el aspecto de un antílope, recibió como recompensa de Shiva la capacidad de emanar un perfume muy intenso. A partir de este momento, Pulaka, gracias a su maravilloso perfume, comenzó a seducir a las mujeres de los dioses, rompiendo así las reglas religiosas y morales. Shiva le ordenó entonces abandonar su cuerpo demoníaco pero le concedió permiso para conservar el perfume que actualmente se conoce como musk. Este nombre "musk" proviene del sánscrito "mrgamada", y significa "Esencia amorosa de antílope". La emperatriz Josefina, esposa de Napoleon, adoraba los perfumes y especialmente el Musk, y lo usaba abundantemente para seducir a su esposo pese a las numerosas protestas de éste. Josefina pertenecía a un grupo de jóvenes vanguardistas llamados "Les Muscadins" por su pasión por el musk.
Jan 15th 1984 in Derby UK
a la izda, con Bob Terminator a la dcha
Toda Aznar, bisnieta del rey García Iñiguez de Pamplona; nieta por parte de madre del rey Fortuño Iñiguez, llamado el Tuerto; esposa de Sancho Garcés I, que destronó al Tuerto y la hizo reina; madre del rey García II; tía del califa Abderramán III; abuela de dos reyes de León y de Sancho de Navarra; suegra de Fernán González; tía de casi todos los nobles importantes de la Península y la mayor casamentera conocida a este lado de los Pirineos, tanto entre cristianos como entre musulmanes, fue con bastante probabilidad la mujer más importante de la Alta Edad Media española, aunque, sin duda, no la mejor. Lástima que Sánchez Albornoz, en su legendaria disputa con Lévi Provençal sobre las fuentes históricas árabes del Reino de Pamplona; Pérez de urbel, en su detallista reconstrucción de la guerra de clanes vascones, o García de Cortázar, gran sistematizador de la complicadísima urdimbre de familias, clanes, pactos, repactos y recontrapactos que anudan la cadena de posesiones cristianas pirenaicas no hayan podido darnos más datos sabrosos sobre la reina Toda. Los que tenemos, sin embargo, nos permiten asomarnos a una existencia febril, dilatada y, en el sentido literal del término, extraordinaria.
Hace pocos años se publicó El viaje de la reina, de Angeles de Irisarri, visión amena pero quizás en exceso amable de la última hazaña de esta fiera coronada.
Nació Toda Azanar el 2 de enero del 876 y murió el 15 de octubre de 958. Ochenta y dos años tenía al dejar este mundo y era de tan vigorosa naturaleza, tan política y tan ferzo defensora de su causa, que sus últimos meses de vida los pasó viajando de Pamplona a Córdoba y de Córdoba a Pamplona para pagar una cura de adelgazamiento y el trono de León para su nieto Sancho el Gordo, que lo había perdido a manos de su hermano jorobado Ordoño, llamado El Malo.
Quienes creen que la dieta, la línea y la bulimia son términos odiosamente contemporáneos, propios del siglo XX, deben saber que hace más de 1.000 años en España un rey perdió el trono por perder la línea -en realidad, estaba tan gordo y tan deforme que no podía montar a caballo ni sostener la espada- y lo recobró gracias a la cura de adelgazamiento del famoso Hasday Ben Hasprut, que viajó desde Córdoba a Pamplona con sus hierbas mágicas y lo dejó hecho un adonis. A cambio, la reina Toda, su hijo el rey García y el ex-obeso Sancho viajaron a Córdoba para rendir vasallaje a Abderramán III. Luego, el califa les prestó un ejército bajo las órdenes de Ben Tumlus, que en un año puso a Sancho en ocndiciones de echar a Ordoño y de derrotar a su suegro Fernán González, que es lo que buscaba la anciana Toda. Fue su última y soberbia demostración de poder.
Era de estirpe vascona y raíz gascona, ultrapirenaica. Hay un Aznar conde de Gascuña en tiempos de Ludovico Pío, que fue hecho prisionero en el segundo Rondesvalles y que era sin duda uno de los hispani que se instalaron en territorio franco tras la conquista de la Península por los musulmanes. Según les iba en la guerra al imperio carolingio o a los señores musulmanes del valle del Ebro, dependientes del emirato cordobés, estos clanes se instalaban a uno u otro lado de los Pirineos. Durante el siglo IX, en el primitivo solar navarro se establecieron dos grandes familias, la vascona de los Iñigo, es decir, los Iñiguez, en torno a Pamplona, y la gascona de los Jimeno, o sea, los Jiménez, que tras encabezar una rebelión contra los francos se instalaron en torno a Leire. Al principio se impusieron los vascones y, uno de ellos, Iñigo Iñiguez, llamado Arista, se proclamó rey de Pamplona con el apoyo de los Jimeno. Juntos resistieron las acometidas de origen franco o cordobés, ayudados por la alianza con los Muza de Tudela. En esta familia destacó Muza ben Muza, hijo de la misma madre que Iñigo Arista aunque de distinto padre y de distinto credo, que contó con la ayuda de los pamploneses cuando desde Córdoba le querían apretar las tuercas. Tanto los cristianos de las montañas como los musulmanes del valle eran de origen hispanogodo y buscaban escapar del control de sus patronos, francos o cordobeses, en cuanto podían. Los matrimonios cruzados fueron la fórmula habitual de sus alianzas, aunque ni los lazos de sangre eran entonces seguros.
Los Iñigos mantuvieron la primacía en el reino de Pamplona apoyados en los vascones menos cristianizados y bajo la tutela de los poderosos Banu Quase, descendientes del muladí Casio, un conde hispanogodo que se pasó a los musulmanes a cambio de conservar el control de valle del Ebro. Pero en el año 905 Sancho Garcés, de la familia Jimena y procedente del núcleo gascón, más cristianizado, derrocó al rey Fortún Iñiguez, el Tuerto, y se proclamó rey. Su esposa, nuestra Toda, aunque era una Iñiguez, respaldó, si no empujó, a su marido en la conquista del trono, fundando la dinastía Jimena.
Durante 20 años, Sancho Garcés I y Toda Aznar cambian por completo la política navarra. Su alianza ya no será con los musulmanes de Tudela sino con los cristianos de León y su expansión llegará hasta el Ebro por el Sur, el condado de Aragón por el Este y los de Alava y Castilla por el Oeste, sin dejar de combatir a los cordobeses, quienes al empezar el verano solían saquearles a conciencia.
Cuando muere Sancho Garcés I, en el 925, los Jiménez no se fían de la reina -al cabo una Iñiguez- y como el joven príncipe don García sólo tiene seis años, sientan en el trono a don Jimeno, hermano del rey muerto. Pero muere seis años después y entonces Toda toma el poder ya sin oposición. Su autoridad será indiscutible y lo demostró combatiendo contra todo el mundo, dentro y fuera del reino.
Aunque los intratables cordobeses la obligaron más de una vez a rendirles pleitesía, Toda se daba tanta prisa en someterse como en traicionarles. En Simancas, la peor derrota de Abderramán III, los cronistas de allende los Pirineos describen a Toda a caballo, empuñando la espada y animando a los suyos a matar sarracenos. Pero además, Toda fue gran política experta en bodas. A sus hijas Sancha, Oneca, Urraca y Velasquita las casó muchísimo. Ya en vida de su marido, a Sancha la casaron con Ordoño II de León, que le vivió unos meses, luego con el conde de Alava, Herreméliz, y finalmente con Fernán González, el hijo que hubiera querido Toda si no le hubiese gustado tanto mandar. El conde castellano tenía además una madre de aúpa, Muniadona, llamada en árabe Muma y en latín comitissima, que era como Toda pero con más hijo.
A Oneca la casó con Alfonso IV de León y luego con Abadalá, emir de Córdoba. A Urraca, con el hermano y rival de Alfonso, Ramiro de León, una vez que conquistó el trono con ayuda de los navarros. Y a Velasquita, con el conde Munio de Alava y, apenas se le murió, con el conde, Galindo Aznar, de Ribagorza. Por su puesto, después de las hijas, Toda colocó a sobrinas y nietas en todos los tálamos de alcurnia. Pero llegó demasiado lejos: casó a su hijo García con una prima carnal, Andregoto, hija de Galindo Aznar y de Sancha Garcés, y, al cabo de cierto tiempo, García se atrevió a rebelarse, repudió a Andregoto, aunque ya tenían descendencia y se trajo de león a la que fue reina Teresa. Toda dejó a García por imposible y se dedicó a su nieto Sancho.
La última batalla de Toda es la que le enfrentó a su consuegra Muniadona y a Fernán González. El rey Ordoño de León, nieto de Toda, estaba casado con una hija de Fernán González pero la abandonó por una hermosa gallega. El padre y la abuela de la repudiada pactaron con Toda que Sancho el Gordo, también nieto suyo, sería rey de León, apoyado por navarros y castellanos, pero Ordoño, cuando los vio venir, acordó con Fernán González la readmisión de su hija y Toda se quedó con el Gordo en la meseta. Entonces tuvo lugar la citada -y novelada por Irisarri- aventura de la dieta adelgazante, la sumisión ante Abderramán, la derrota de Ordoño y la humillación final de Fernán González. Cumplia su venganza, Toda ya preparaba otras bodas: su nieta Urraca Garcés se casaría con Fernán González, viudo de su hija Sancha, y sería condesa, como quien dice reina de Castilla; y la hija de Fernán González, Urraca Fernández, se casaría con su nieto Sancho y sería reina de Navarra. De esa forma, se haría de nuevo la paz entre los buenos vecinos. Y realmente así sucedió.
Quizá porque no podía terminar mejor la historia, aquel día de otoño del 958 Toda Aznar subió satisfecha a la torre del homenaje de su castillo pamplonés para contemplar los chopos ya bermejos junto a las aguas frías y las llanuras altas en el horizonte pardo y verde. No sabemos si sufrió un síncope o sintió que se moría y quiso contemplar sus tierras por última vez. Fuera como fuese, cayó rodando por la escalera de caracol de piedra. Y se descalabró.
En este Viernes Santo que tanto dolor nos dicen las imágenes religiosas que estos días se pasean por las calles de toda España, me permito recordar ese momento cumbre de la Piedad que Julio Verne nos hizo leer:
Marfa Strogoff acababa de aparecer frente a él.
-¡Madre mía! -gritó-. ¡Sí, sí! ¡Para ti será mi última mirada, y no para este miserable! ¡Quédate ahí, frente a mí! ¡Que vea tu rostro bienamado! ¡Que mis ojos se cierren mirándote ... !
La vieja siberiana, sin pronunciar ni una palabra avanzó ...
.¡Apartad a esa mujer! -gritó Ivan Ogareff.
Dos soldados apartaron a Marfa Strogoff, la cual retrocedió, pero permaneció de pie, a unos pasos de su hijo.
Apareció el verdugo. Esta vez llevaba su sable desnudo en la mano, pero este sable, al rojo vivo, acababa de retirarlo del rescoldo de carbones perfumados que ardían en el recipiente.
¡Miguel Strogoff iba a ser cegado, siguiendo la costumbre tártara, pasándole una lámina ardiendo por delante de los ojos!
El correo del Zar no intentó resistirse. ¡Para sus ojos no existía nada más que su madre, a la que devoraba con la mirada! ¡Toda su vida estaba en esta última visión!
Marfa Strogoff, con los ojos desmesuradamente abiertos, con los brazos extendidos hacia él, lo miraba...
La lámina incandescente pasó por delante de los ojos de Miguel Strogoff.
Oyóse un grito de desesperación y la vieja Marfa cayó inanimada sobre el suelo.
Miguel Strogoff estaba ciego.
Los Embajadores —el cuadro se llama en realidad Jean de Dinteville y Georges de Selve— es una pintura de Hans Holbein el Joven, actualmente en la National Gallery de Londres. Es una de las obras maestras del pintor y de la pintura en general.
Triplemente importante por sus resonancias históricas, por su riqueza simbólica y por su excelencia plástica, incluye un raro objeto en primer plano que fue algo misterioso durante mucho tiempo.
Fue en el siglo XX cuando un historiador del arte, Jurgis Baltrusaitis, descubrió que esta forma que ocupa el primer plano de la pintura es lo que se llama frecuentemente hueso de sepia, siendo de hecho una anamorfosis de un cráneo humano: esta pintura es una vanidad.
El cuadro
La pintura representa a Jean de Dinteville a la izquierda, embajador de Francia en Inglaterra en 1533, fecha de la realización del cuadro. A la derecha se encuentra su amigo, Georges de Selve, obispo de Lavaur, que ocasionalmente fue embajador ante el Emperador romano germánico, la república de Venecia y la Santa Sede. Ambos hombres, que observan al espectador de la obra, están acodados sobre un mueble con dos estantes sobre el que hay dispuestos varios objetos relacionados con el quadrivium, las cuatro ciencias matemáticas entre las siete artes liberales: la aritmética, la geometría, la música y la astronomía. En el estante superior puede verse una esfera celeste, objetos de medición del tiempo y un libro, dispuestos sobre una alfombra roja con complicados motivos geométricos. En el estante inferior hay un globo terráqueo, dos libros, un laúd y cuatro flautas en un estuche. El plano posterior está ocupado por una cortina de terciopelo verde con un pliegue en la esquina superior izquierda que apenas permite ver un crucifijo, que a menudo no se ve en las reproducciones debido a su posición en el margen. El suelo está pavimentado con círculos y cuadrados, destacándose una forma difícilmente interpretable, pero que salta a la vista en tanto que parece que se halle fuera del espacio de la pintura; se ha llamado a menudo el hueso de sepia.
Jean de Dinteville está ricamente vestido con un abrigo de piel, en la mano lleva una daga en su estuche, donde está grabada su edad (29 años), y en la cabeza una boina de donde está colgado un broche representando un cráneo. Del negro de su indumentaria destacan el rojo de sus mangas y una cadena dorada que pende de su pecho con una medalla decorada con un ángel, prueba de su pertenencia a la Orden de San Miguel. Georges de Selve está totalmente vestido de negro, envuelto en un abrigo de piel. En la mano derecha lleva un par de guantes y en la cabeza un tocado. De Selve se dedicó en lo esencial de su sacerdocio a trabajar por la reconciliación en el seno de la Iglesia. La pintura parece pues inmortalizar la toma de posesión de un embajador francés recientemente nombrado en la corte de Inglaterra y la visita que le hace por este motivo a su amigo. La primera mirada que se hace a la pintura, una obra prácticamente cuadrada, de más de dos metros de lado, induce dos reflexiones: los dos hombres retratados, sujetos del cuadro, no ocupan el centro; están desplazados a los lados, enmarcando como un joyero un conjunto de objetos que a primera vista parecen dispares; a sus pies se encuentra un objeto extraño que parece no formar parte de la pintura, y que en todo caso ocupa el primer plano, como si Holbein hubiera usado este retrato para realzar, de entrada, otra cosa que no son los personajes que dan su nombre a la obra, uno de los cuales, Dinteville, fue quien la encargó.
La pintura parece, pues, que abunda en símbolos, indicaciones ocultas, referencias; todo esto cosas normales en la pintura del Renacimiento, que intentamos identificar, traer a la luz.
El contexto político y religioso del año 1533
El paisaje político europeo de la época está dominado por cuatro figuras principales: los reyes de Francia Francisco I y de Inglaterra, Enrique VIII, el emperador romano germánico Carlos V (Carlos I de España) y el papa Clemente VII que moriría al año siguiente. A finales de octubre de 1532, Francisco I se reúne con Enrique VIII para tantear su apoyo contra el Imperio. Enrique VIII quiere que Francisco I use su influencia sobre el papa Clemente VII para resolver la cuestión de su divorcio de Catalina de Aragón, tía de Carlos V. Los encuentros son calurosos; Francisco ofrece a Ana Bolena (con quien Enrique VIII se desposará este mismo año) un diamante e invita al hijo natural de Enrique, el duque de Richmond, a seguir la misma educación que sus hijos en la corte de Francia.
Los cardenales inician negociaciones secretas con el papa para defender la posición de Enrique VIII, y el segundo hijo de Francisco I, duque de Orleans y futuro Enrique II, se promete con la sobrina del papa, Catalina de Médicis. La decisión del papa de publicar las bulas necesarias para el nombramiento de Thomas Cranmer como Arzobispo de Canterbury, parece indicar que los cardenales hicieron progresar la causa de Enrique VIII ante Clemente VII. El 25 de enero de 1533, Enrique se casa en secreto con Ana Bolena, ya encinta, y, al enterarse en marzo, Francisco se alegra ya que esto significa un distanciamiento creciente entre la casa de Inglaterra y la del Emperador, su principal enemigo, y un acercamiento importante con la casa de Francia. Después se precipitan los acontecimientos: el 23 de mayo, Thomas Cranmer, entonces ya arzobispo de Canterbury, sustituye al papa y anula el matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón. El 1 de junio, Ana Bolena es coronada en la abadía de Westminster. Finalmente, todo esto acarreará, el 23 de marzo de 1534, la excomunión de Enrique VIII por Clemente VII y el cisma entre la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia de Roma. Durante este periodo, Francia conoce también una cierta confusión frente a las tesis luteranas.
Siguiendo este contexto, parece que cuando Jean Dinteville vuelve para Inglaterra en febrero de 1533, las esperanzas de pactos entre Francia e Inglaterra son elevadas; sin embargo éste no es el caso a su regreso a Francia en noviembre del mismo año. Su presencia en Londres, así como la de su hermano François, obispo de Auxerre, embajador de Francia ante el Vaticano, muestra que desempeña un papel central en las negociaciones entre Francisco I, Enrique VIII y el papa.
El pavimento
El pavimento que está bajo los pies de los embajadores ha sido identificado como inspirado (con una importante simplificación) en dos pavimentos verdaderos que comparten un cierto parecido. El primero se encuentra en la abadía de Westminster [1] y el segundo en la Capilla Sixtina [2], en este caso en un lugar simbólico, exactamente bajo la creación de Adán, el don de la vida por Dios a los hombres. Volveremos luego sobre este simbolismo, cuando analicemos el hueso de sepia.
De entre todos los elementos que conforman el cuadro, este pavimento es el que tiene la explicación simbólica menos segura. El pavimento de la abadía tenía una inscripción en letras de bronce, hoy perdida, en el cuadrado exterior del motivo, pero una transcripción del siglo XV permite reconstruir el texto (Christi milleno dis centeno duodeno / cum sexageno, subductis quatuor, anno, / tertius Henricus rex, urbs, Odoricus et abbas hos compegere porphyreos lapides) que fija la fecha de su ejecución en 1268, bajo el reinado de Enrique III de Inglaterra e indica el nombre de su diseñador, el artesano mosaiquista romano Odoricus. Incluso si el significado preciso de este pavimento sigue permaneciendo en el misterio, ciertamente es la representación del macrocosmos, un esquema del universo, donde el círculo central simboliza a Dios y los cuatro círculos periféricos los cuatro elementos —fuego, tierra, agua y aire—; la elección de Miguel Ángel de colocar su creación de Adán encima de una representación semejante en la Capilla Sixtina no parece obra del azar. Se encuentra la misma esquematización simbólica del universo tanto en el techo de Rafael para la habitación de la Segnatura (Stanza della Segnatura [3]) como en le plano de Tycho Brahe [4] para su observatorio de Uraniborg.
Tenemos pues a dos hombres (el microcosmos) situados en el macrocosmos simbolizado por el pavimento, en consecuencia en el centro de la creación, encuadrando varios objetos de los cuales vamos a intentar conocer su significado.
La estantería inferior
Esta estantería contiene varios objetos: un globo terráqueo, un libro de aritmética de Peter Apian, matemático y astrónomo de la universidad de Ingolstadt (Alemania), Eyn newe unnd wohlgründte underweysung aller Kauffmanss Rechnung in dreyen büchern (Un libro nuevo y fiable para aprender el cálculo y destinado a los comerciantes, 1527) mantenido abierto por una escuadra, un laúd con una cuerda rota, un libro de himnos luteranos de Johannes Walther, Geistlich Gesangbuhli en su primera edición de 1524, completamente abierto sobre dos páginas que muestran una partitura y un grupo de flautas. Los objetos presentes en esta estantería, que atañen a la geografía, las matemáticas y la música, están más orientados hacia la práctica de estas artes o técnicas que hacia su teoría.
El globo terráqueo
Basado en el que Johannes Schöner produjo en Nuremberg en 1523, muestra un cierto número de notaciones «geopolíticas», como la línea de división del mundo entre españoles y portugueses establecida por el papa Alejandro VI en el tratado de Tordesillas de 1494. La circunnavegación de Magallanes está dibujada en el globo. Se percibe también el Nuevo Mundo, en particular la costa brasileña. Sin embargo, Holbein introdujo algunas variaciones respecto al original: escribe «Pritannia» en vez de «Britannia» (Bretaña), quizás un recuerdo de su propia pronunciación defectuosa, pero sobre todo una de esas pinceladas de desorden que esmaltan la pintura y que simbolizan la confusión del mundo. Indica sobre el mapa de Francia la ubicación de Policy, (actualmente Polisy) en el departamento del Aube, pero el error es probablemente intencionado puesto que se trata del dominio señorial de Dinteville donde debía instalarse el cuadro.
El libro de aritmética
La simbología asociada al libro de Peter Apian es probablemente de dos tipos. Primeramente, el libro, para uso de los comerciantes y consagrado a la práctica de su oficio, marca la importancia de la emergencia de la burguesía en este periodo. Holbein hará por cierto retratos de ricos comerciantes. Se manifiesta también en esta práctica mercantil la aparición de nuevas herramientas puestas a disposición de un mayor número de personas gracias a la técnica revolucionaria en la época de la imprenta. El libro recuerda también que Georges de Selve desciende de una familia de comerciantes lemosines que amasó su fortuna durante el siglo XV y que ha permitido así a uno de los suyos alcanzar la posición de obispo. Foister recalca que la página legible empieza por la palabra Dividirt, doble sentido de división matemática pero también de división o desarmonía, tanto en la iglesia como en el terreno político, lo que se presenta, en conjunción con otros elementos de la composición, como una de las claves del cuadro. En efecto, los escritos de Georges de Selve se hacen eco de sus inquietudes ante la división que sufre la iglesia, la Reforma luterana, pero también ante la creación de la iglesia anglicana, en el mismo país donde se pintó el cuadro. De Selve escribe, por ejemplo, un discurso destinado al rey de Francia y al Emperador romano germánico como llamamiento a la reconciliación.
El laúd
La estantería inferior tiene en su parte derecha tres objetos relacionados con la música: un laúd, un libro de salmos y algunas flautas dentro de un estuche que muestra un hueco. Baltrusaitis hace notar que este laúd parece extranjero, porque lleva una inscripción que reza Underweysung der Messung [5] de Alberto Durero (1525) donde se muestra un dispositivo de trazado de objetos en perspectiva. Se puede ver el reconocimiento de la deuda de Holbein a la ciencia de la perspectiva, una aportación mayor del Renacimiento a la pintura, que permite al pintor ejecutar cuadros de un realismo impresionante. Además, una de las cuerdas está rota, lo que posiblemente simboliza, como el vacío en el estuche de las flautas, el periodo de confusión que la iglesia vive en esta época, una armonía perdida.
El cantoral [editar]
El libro representado es el Geistlich Gesangbuhli de Johannnes Walther, un libro de himnos sagrados cuya primera edición data de 1524. Igualmente que con el libro de aritmética, Holbein ha escogido presentar el libro abierto por dos páginas concretas que sin embargo no son consecutivas en la obra verdadera. La página de la izquierda muestra la traducción del primer versículo del himno Veni sancte Spiritus de Lutero y la de la derecha la introducción a la Versión abreviada de los Diez Mandamientos del mismo Lutero. Es altamente probable que la elección de este libro y la yuxtaposición de estas dos páginas sean intencionadas; sin duda el tema favorito de Lutero es la oposición entre la Ley, representada por los mandamientos, y la Gracia, simbolizada por el himno, una temática que parece haber sido próxima a las posiciones de Georges de Selve. Holbein explotará este tema en otras dos obras, como mínimo: en un retablo que se encuentra actualmente en la National Gallery of Scotland y en la portada de la biblia de Coverdale [6] publicada en 1535.
Al fondo, se adivina un compás de punta seca (en inglés divider), que hace referencia a la división del libro de aritmética.
La estantería superior
En este estante, se hallan dispuestos sobre una alfombra varios instrumentos astronómicos o de medición del tiempo. George de Selve apoya su codo sobre un libro en cuyo canto se lee la mención: ÆTATIS SVÆ 25, que corresponde a la edad de Georges de Selve, que tiene 25 años en la primavera de 1533, y le quedan sólo 7 años de vida. A la izquierda y cerca de Dinteville, se ve una esfera celeste que muestra las constelaciones con trazos de los seres mitológicos correspondientes.
Se distingue la constelación del cisne, anotada como GALACIA; quizá como alusión al nombre en latín de Francia, GALLIA. Y como revela una atenta observación del dibujo en la esfera, en lugar de un cisne hay un gallo que ataca a un buitre; se puede proponer entonces una especie de alegoría celeste: el gallo galo —Francia— ataca a sus enemigos y los hace huir.
El globo celeste
El globo no está regulado para representar el cielo a la latitud de 51° 30’, que es la de Londres, donde se encuentran los dos hombres, sino para una latitud comprendida entre 42° y 43°, más característica de España —parte del imperio de Carlos V— o de Italia, donde reside el papa. Sin embargo, se trata de un valor muy próximo a la latitud de Roma (41° 52’), que alude a los desacuerdos políticos y religioso entre la corte inglesa y el Vaticano. Hay que remarcar también el gran parecido con el que construyó en 1533 el astrónomo de Nuremberg Johannes Schöner, que se encuentra actualmente en el Museo de Ciencias de Londres.
Los relojes de sol
En la estantería superior encontramos varios relojes de sol, también visibles en otra obra de Holbein, el retrato de Nicholas Kratzer, pintado en 1528 [7], cinco años antes. Uno de los relojes está regulado para una fecha, el 11 o el 15 de abril, siendo imposible concretarla. Como afirma Foister, no hay ninguna prueba de la presencia de Georges de Selve en Londres a principios de abril; no obstante el 11 de abril era el Viernes Santo de ese año y podría ser un vínculo simbólico entre el crucifijo y el libro de himnos. Cerca del codo de Georges de Selve hay un ’’torquetum’’, instrumento descrito por primera vez por Ptolomeo que se volvió a fabricar en esta época, en particular por Peter Apian que también era un renombrado fabricante de instrumentos.
El cráneo y el crucifijo
La extraña figura en primer plano, a veces llamada hueso de sepia, intrigó durante mucho tiempo a los analistas del cuadro. Nuestro afilado ojo de hoy en día, más habituado a la lectura de imágenes, nos hace adivinar que se trata de un cráneo muy deformado por una anamorfosis, aunque es probable que no hiciéramos una lectura tan inmediata. Señálese que este tipo de imágenes deformadas estaba de moda en la Inglaterra de los Tudor; la National Portrait Gallery de Londres posee por ejemplo un retrato de Eduardo VI de Inglaterra por William Scrots [8] que también contiene una deformación por anamorfosis que se corrige mirando la superficie del cuadro a través de un agujero en el marco.
Estos dos elementos conjugados evocan a muchos a San Jerónimo, como el de Joos van Cleve de 1525, y los de Durero, en particular el óleo sobre tabla de madera de 1521 [9], actualmente en el Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa. En esta obra, la mirada de Jerónimo al cráneo sigue un eje muy próximo al que permite leer la anamorfosis del cráneo de los Embajadores. La asociación entre el cráneo y el crucifijo evoca la pasión de Cristo, el gólgota —palabra hebrea que significa cráneo— y el calvario — calvaria en latín. Por otra parte, es frecuente encontrar en las representaciones de la crucifixión un cráneo al pie de la cruz, sobre el que a veces se derrama la sangre de Cristo que lava así, por su sacrificio, el pecado original.
Nótese también que hohle bein significa en alemán «hueso hueco»; el cráneo podría entonces ser una referencia al nombre del artista, una especie de firma.
El contraste de este cráneo con el tema principal de esta pintura que representa a dos hombres importantes, un embajador de Francia ante la corte de Inglaterra, cuyo hermano es también embajador ante el papado y un obispo descendiente de una familia de ricos comerciantes, hace de ella una vanidad, una obra que simboliza que lo que es importante en la tierra no lo es en el reino de los cielos, que lo que se ha hecho en nuestra vida, la muerte lo deshace.
El crucifijo, medio escondido, en una posición intermedia entre lo que hay delante de la cortina, el mundo de los hombres, y lo que se esconde a su mirada, lo desconocido detrás del telón, simboliza la posición del Cristo intermediario entre aquí abajo y el más allá. Por otra parte, algunos ven en este cuadro la imposible representación de Dios.
Uso de una cuchara para corregir la deformación.
Uso de una cuchara para corregir la deformación.
Cómo observar el cráneo
Para corregir la deformación del hueso de sepia y observar el cráneo sin usar medios informáticos, puede utilizarse el dorso de una cuchara. Se pone la cuchara en la parte superior del hueso, a la derecha. El dorso de la cuchara debe apuntar hacia la izquierda y ponerse perpendicular a la imagen del cuadro.
Colocando la mirada frente al dorso de la cuchara y modificando su orientación, se observa fácilmente el cráneo sobre la superficie de la cuchara. Si se tiene una versión impresa de la pintura, puede dirigirse la mirada en el plano formado por la hoja y corregir la perspectiva.