Las 6 esposas de Enrique VIII : Ana Bolena
See the stone set in your eyes
See the thorn twist in your side
I wait for you
Sleight of hand and twist of fate
On a bed of nails she makes me wait
And I wait without you
With or without you
With or without you
Through the storm we reach the shore
You give it all but I want more
And I´m waiting for you
With or without you
With or without you
I can´t live
With or without you
And you give yourself away
And you give yourself away
And you give
And you give
And you give yourself away
My hands are tied
My body bruised, she´s got me with
Nothing to win and
Nothing left to lose
And you give yourself away
And you give yourself away
And you give
And you give
And you give yourself away
With or without you
With or without you
I can´t live
With or without you
With or without you
With or without you
I can´t live
With or without you
With or without you
Il termine maggiorata nasce negli anni cinquanta del secolo scorso, inizialmente per indicare una serie di attrici (Loren, Mangano e Lollobrigida tra le tante italiane, Mae West è un esempio d’oltreoceano), che si imposero sugli schermi cinematografici inizialmente più per la loro prorompenza fisica che per le loro doti di recitazione. Questa schiera di giovani attrici italiane, in gran parte reclutate tramite il concorso di Miss Italia, diede vita ad una versione nostrana del divismo Hollywoodiano.
L’invenzione del termine si deve a Vittorio De Sica che, nell’episodio Il processo di Frine del film Altri tempi (1952, regia: Alessandro Blasetti), nei panni di un avvocato difensore, definisce il personaggio interpretato da Gina Lollobrigida una maggiorata fisica, in contrapposizione alla definizione di minorata psichica che le era stata attribuita. Il termine fa riferimento specifico alla prosperosità del seno, ma anche ad una certa abbondanza di fianchi, e viene usato ancora oggi per indicare una donna dotata di tale abbondanza.
Il periodo d’oro delle maggiorate è quello che iniziò negli anni cinquanta e durò per quasi tutto il decennio successivo, periodo del boom economico e della dolce vita, simboleggiata proprio dal bagno di Anita Ekberg nella Fontana di Trevi, immortalato nell’omonimo film di Fellini.
Verso la fine degli anni sessanta la maggiorata lasciò la ribalta ad un tipo di donna decisamente snella, e talvolta eccessivamente magra (Twiggy ne fu un classico esempio), che nel tempo avrebbe decretato il sempre maggior successo delle fotomodelle. È curioso notare come questo cambio (o riduzione) nelle forme della "donna ideale", corrisponda in qualche modo al passaggio dagli anni del boom a quelli della crisi petrolifera.
Negli anni settanta e ottanta, la maggiorata (cinematograficamente parlando), rimane confinata alla commedia erotica all’italiana (Edwige Fenech, Carmen Russo, Anna Maria Rizzoli), per tornare di attualità negli anni novanta, con l’affermarsi di attrici come Sabrina Ferilli o Maria Grazia Cucinotta, proprio quando sul fronte della moda si giungeva a celebrare modelle che secondo alcuni mostravano un aspetto ai limiti della patologia anoressica. Questo ritorno della maggiorata fu in parte favorito anche dalla sempre maggior diffusione della chirurgia estetica, che in alcuni casi fornisce la possibilità di incrementare con appositi accorgimenti le dimensioni del petto.
Aspetti antropologici
In realtà è lecito supporre che indipendentemente dai dettami della moda o dello star system, un certo genere di forme abbia sempre goduto delle preferenze del pubblico maschile. Basti pensare alle numerose statuette preistoriche di forma femminile, raffiguranti divinità legate alla fertilità e alla Terra, dotate di proporzioni generose, così come alla Venere del Botticelli o alle teorie esposte da Desmond Morris nel suo libro La scimmia nuda, secondo cui il seno si sarebbe sviluppato con il passaggio degli esseri umani alla posizione eretta, per riprodurre l’aspetto delle natiche e fungere quindi da richiamo sessuale nei confronti del maschio. Ovviamente, per svolgere al meglio la loro funzione di richiamo, questi caratteri debbono essere ben visibili.
Niels Horrebow se dedicó hace unos doscientos cincuenta años a una de esas labores tediosas por las que nadie pasa a la posteridad. El buen hombre, con precisión de naturalista (que es lo que era), compiló un exhaustivo inventario de todos los recursos de Islandia. Enumeró las especies que componían su flora, los ríos y montañas que daban forma a su topografía y los animales de todo tipo que la habitaban.
Evidentemente, este prolijo señor no hubiera pasado a la historia por esa necesaria pero aburrida labor. Lo que ha hecho que de vez en cuando se hable de Horrebow es un capítulo de su libro: el que dedicó enteramente a los ofidios de Islandia. El título era poco original: “Acerca de las serpientes”. Lo que lo convierte en curioso es su contenido. Es capítulo está compuesto por una sola frase: “No hay ningún tipo de serpientes en toda la isla”.
Horrebow se hizo más o menos famoso por dedicar un capítulo de su libro a hablar de lo que no hay. Desde entonces, el dichoso “No hay ningún tipo de serpientes en toda la isla” se ha citado como frase hecha para referirse a los conjuntos vacíos, es decir, a las cosas de las que no se suele hablar porque, aunque pudieran existir, no están.
Si uno se para a pensar en la minuciosidad de Horrebow, al principio resulta absurda por infinita… ¿por qué, por ejemplo, no hizo otro capítulo titulado “Acerca de los rinocerontes” para luego decir “No hay ningún tipo de rinocerontes en toda la isla”? ¿U otro acerca de los dinosaurios, o de los elefantes color turquesa?
Pero, en realidad, la respuesta está clara y es muy importante recordarla hoy en día. Seguramente gastó un capítulo en aclarar que no había serpientes porque había personas que pensaban lo contrario. Y él sabía que consignar lo que no existe es tan importante como precisar lo que existe.
El mundo actual posee un don que también puede convertirse en maldición: tenemos muchos datos a nuestro alcance y podemos usarlos para asustarnos. Nunca hasta ahora el ser humano ha tenido acceso a tanta información con tanta facilidad. Y, a veces, esa abundancia de datos nos puede hacer caer en una especie de hipocondría general.
Si nuestro hijo es inquieto, buscamos en Internet hasta encontrar la descripción del Trastorno por Déficit de Atención y, rápidamente, acabamos por creer que eso es lo que le sucede a nuestro retoño. Si estamos un poco tristones un determinado día de invierno, echaremos una ojeada a ciertos libros hasta acabar dando con el Trastorno Afectivo Estacional: inmediatamente, nos lo aplicamos a nosotros mismos. Si pasamos bastante tiempo en Internet, acabaremos inevitablemente dudando si no seremos adictos al invento este.
Vivimos en un mundo de caos informativo. Nos llueven datos por todas partes: los libros, Internet y los medios de comunicación se han convertido en proveedores de ideas-basura. Al igual que los restaurantes de ese tipo de comida, nos sirven los conceptos de forma rápida sin orden ni concierto. Nosotros los digerimos y acabamos con obesidad de datos pero carentes de la fuerza de una teoría unificadora.
Después, vienen los Traficantes de Miedo a contarnos que existen serpientes por todas partes. Y es muy difícil que nos quedemos tranquilos cuando los afectados somos nosotros. Si alguien te dice que hay una serpiente en tu habitación, por más inverosímil que te resulte su presencia es raro que no mires por los rincones, aunque sea de reojo.
Nos hacen más falta que nunca las personas metódicas como Horrebow. De esos que nos tranquilizan en vez de asustarnos. De esos que nos dicen que, a lo mejor, las cosas no van tan mal y que no hay ningún tipo de serpientes en esta isla.
Nena, a ver si me encuentras el matute, que tú tienes ojos de lero. Otra vueltecica más.¡miercole jeringa!
Adalia huele
a rosas eulalias
a rosas valentinas
de junio,
también en mayo.
Isabel de Borbón y Borbón (cuyo nombre completo era María Isabel Francisca de Asís Cristina Francisca de Paula Fernanda Luisa Josefa Trinidad Joaquina Ana Melchora Gaspara Baltasara María del Olvido Dolores Pilar Concepción Carmen Desamparados Filomena Micaela Rafaela Gabriela Dominga de la Cogolla Tomasa Teresa Rita Lucía Águeda Bárbara Bibiana María de la Cabeza Isidra Rosalía Polonia Lugarda Ramona de Cosme Damiana Antonia de San Antón Juana Bautista Vicenta de Ferrer Genara Francisca de Borja Blasa Jacoba de Roque Caralampia y de Todos los Santos