Blogia

ladymarjorie

Greta Garbo

Greta Garbo

Disputa 2005

Disputa 2005

EL ALCOHOLISMO

Alcoholismo es una palabra difícil de entender.

Sin embargo nadie es demasiado joven (o viejo) para tener problemas con la bebida.

Es así porque el alcoholismo es una enfermedad. Puede darle a cualquiera. Joven, viejo. Rico, pobre. Negro, blanco.

Hay diversas y muy distintas interpretaciones del alcoholismo.

El alcoholismo es una enfermedad, una enfermedad progresiva que no puede curarse pero que, al igual que muchas otras enfermedades, puede contenerse. Esa enfermedad es la combinación de una alergia física al alcohol y una obsesión por la bebida, sin tener en cuenta sus consecuencias, y que es imposible contenerla con sólo la fuerza de voluntad.

Una vez que el alcoholismo se ha apoderado de un individuo, no puede decirse que la víctima esté cometiendo una falta moral. En ese estado, el alcohólico no puede valerse de su fuerza de voluntad, porque ya ha perdido la facultad de decidir si usa el alcohol o si se abstiene de él. Lo importante, entonces, es hacerle frente a la enfermedad y valerse de la ayuda que se le brinda para combatirla. Debe además existir el deseo sincero de recuperarse.

Y no importa cuánto tiempo lleves bebiendo o lo que hayas bebido. Lo que cuenta es cómo te afecta la bebida.

Para ayudarte a decidir si tienes problema con tu manera de beber, hemos preparado estas 12 preguntas. Las respuestas son asunto tuyo y de nadie más.

Si contestas sí a cualquiera de estas preguntas, tal vez sea el momento de echar una mirada seria a lo que te podría estar pasando con la bebida.

Y, si necesitas ayuda o si sólo quieres hablar con alguien acerca de tu manera de beber, llama por télefono, busca en el directorio telefónico a los Alcohólicos Anónimos.

Un simple cuestionario de
12 preguntas diseñado para
ayudarte a decidir

1 ¿Bebes porque tienes problemas? ¿Para relajarte?
2 ¿Bebes cuando te enojas con otros, con tus amigos o tus padres?
3 ¿Prefieres beber a solas, en lugar de hacerlo con otros?
4 ¿Están empezando a bajar tus calificaciones? ¿Estás chapuceando en tu trabajo?
5 ¿Has tratado alguna vez de dejar de beber o beber menos - y fracasaste?
6 ¿Has empezado a beber por la mañana, antes de la escuela o trabajo?
7 ¿Te tragas las bebidas de un golpe?
8 ¿Has experimentado alguna vez una pérdida de memoria debido a tu forma de beber?
9 ¿Mientes acerca de tu forma de beber?
10 ¿Te has metido alguna vez en problemas cuando bebes?
11 ¿Te emborrachas cuando bebes, aunque no sea esa tu intención?
12 ¿Te parece una gran hazaña poder aguantar mucho bebiendo?

¿Soy alcohólico?
Si en repetidas ocasiones bebe más de lo que planea o quiere beber, si se mete en líos o si pierde parcialmente la memoria cuando bebe, puede que sea alcohólico. Sólo usted puede decidirlo. Ningún le dirá si lo es o no.

La Loba

La Loba

Raboteurs des parquets de Gustave Caillebotte

Raboteurs des parquets de Gustave Caillebotte

J. D. SALINGER O EL ESCRITOR INVISIBLE

Jerome David Salinger decidió convertirse en un misterio en 1965, cuando se retiró del mundanal ruido. No soportaba la celebridad ni el éxito ni las entrevistas. Vivía aturullado y decidió retirarse a un rancho sencillo de Cornish (New Hampshire) a escribir con lentitud y a cultivar hortalizas. Consciente de su inmensa fama, guardaba sus manuscritos inéditos en una caja de caudales. La publicación de «El guardián entre el centeno» en 1951 fue como un relámpago: mucha gente se sintió tocada en algún lugar del corazón por el relato de ese adolescente más clarividente que confuso que se rebela contra los valores de la aristocracia, contra la educación y las leyes de los adultos, y decide dar rienda suelta a su imaginación y a su estupor. En su fuga de tres días, Holden Caulfield revolucionó la vida de muchos jóvenes: era un Huckleberry Finn moderno que se declaraba partidario de la pureza adolescente y que mostraba la repugnancia que le provocaban el vacío y el conformismo de sus mayores. Para muchos críticos, ese texto anticipó la rebeldía y las revoluciones de los jóvenes en los años 60.

J. D. Salinger no quiso nunca que escribiesen de él. Le indignaba que hurgasen en su infancia y adolescencia, en los secretos de su familia (durante años se dijo que era hijo de un rabino y que su madre se había cambiado el nombre), que descubriesen sus novias, sus bodas y algunos pecadillos de egoísmo. Ian Hamilton, autor de «En busca de J. D. Salinger» (Mondadori, 1988), escribió su bografía y la crónica de las dificultades con que se encontró: Salinger le denunció en varias ocasiones y fue objeto de algunos procesos. Sin embargo, el libro se lee muy bien, como una novela, y tiene datos jugosos: el más importante, más allá de desvelar «el misterio Salinger», es que «El guardián entre el centeno» puede leerse a la luz de la biografía del escritor. Holden Caulfield, el héroe, tiene mucho que ver con el adolescente que fue Salinger y que vivió en carne propia las contradicciones del siglo.

EL CHICO RICO DE LA CIUDAD
Jerome David Salinger nació en Nueva York el uno de enero de 1919 en el seno de una familia acomodada. Jugó entre los grandes edificios, paseó en bicicleta por Central Park y gozó de estupendos juguetes. Con doce o trece años se mudó a una casa mejor: era un chico rico de la gran ciudad. Cuando rondaba los quince años, su padre creyó que debía matricularse en la Academia Militar de Valley Forge. Allí se manifestó como un tipo especial. Era silencioso y pensativo, pero a la vez resultaba ingenioso y sutil, poseía un sentido peculiar del sarcasmo y se mostraba un tanto presumido y pomposo. Hacía muy bien las imitaciones de compañeros y famosos, y tenía una vocación clara hacia la interpretación. Usaba un lenguaje irreverente y amaba el periodismo y la literatura. A los quince años ya decidió ser escritor, y empezó a redactar los cuentos que le conducirán a la rara e inspirada perfección de su obra maestra.

Entre 1936 y 1937 hizo un viaje por Europa (París, Londres y Viena) y lo aprovechó para escribir relatos. Más tarde, cuando se desató la II Guerra Mundial, participó en ella, sobre todo en Europa, como sargento de infantería e incluso escribió una elegía por sus compañeros muertos. La experiencia bélica nunca le excitó ningún tipo de creatividad. Pero, su constancia y su firme vocación le llevaron a publicar sus primeros textos en la revista «Collier’s» y posteriormente en la mítica «Esquire». En 1941, le ocurrió algo singular: «The New Yorker» le había aceptado un relato sobre un muchacho desertor llamado Holden Caulfield, pero luego lo pensó mejor y se lo rechazó. No se debía alentar a los desertores en un tiempo tan complicado. En aquellos días alimentaba dos pasiones un tanto desapacibles: la de Oona O’Neill, hija del dramaturgo y más tarde esposa de Charles Chaplin, y la de Elizabeth Murray.

EL ÉXITO INSOPORTABLE
Le costó una década publicar el libro «El guardián entre el centeno», que alcanzaría fabulosas cifras de venta y se transformaría en uno de esos libros de culto, en una narración auroral, porque propone una angustiosa, lúcida y humorística búsqueda de la identidad a través de la ironía, el dominio del lenguaje, el desparpajo y la dudosa ejemplaridad de un joven que no se resigna a aceptar lo que la sociedad le ofrece. Se opone a la falsedad con una crítica mordaz que nos abarca a todos, a la humanidad al completo, sin hacer nada exactamente insólito, y expresa los miedos y los fantasmas del anhelo adolescente. La primera traducción al castellano, «El cazador oculto» (por cierto, con ese título lo leyó por vez primera Soledad Puértolas), apareció en Argentina en 1961 y la firmaba Manuel Méndez de Andes; la que podemos leer ahora en Alianza y Edhasa es de Carmen Criado. Ni el propio J. D. Salinger había soñado tal éxito, que se vio ratificado con sus siguientes títulos: «Nueve cuentos» (1953; en la actualidad, Salinger está considerado quizá el mejor cuentista norteamericano junto a Raymond Carver), «Fanny Zooey» (1961) y «Levantad, carpinteros, la vida maestra y Seymour: una introducción» (1963).

Convertido en un fantasma viviente desde 1965, sigue escribiendo. No quiere que le tomen fotos, no ve a nadie, y desprecia a los intrusos. Lo que no puede evitar es ser un mito literario del siglo XX y haber escrito uno de los libros más vendidos y leídos en Estados Unidos y en el mundo entero: millones de jóvenes se ven reflejados en su radical protagonista. Podemos decir que es un relato, un clásico ya, traducido a 30 idiomas, que sigue las huellas del «Wilhem Meister» de Goethe y que encabeza imprescindibles textos de formación o de educación sentimental. Pensamos en «Vida de este chico» de Tobias Wolf, «La senda del perdedor» de Charles Bukowski, «Agostino» de Alberto Moravia, las novelas de Bandini de John Fante o «Los hermosos años del castigo» de Fleur Jaeggy, entre otros.

Burt Lancaster

Burt Lancaster

Kiss me Kate

Kiss me Kate

El libro con el que Mann homenajea a Katherine Hepburn deduce que las relaciones con los hombres posteriores tras su divorcio reflejaron el matrimonio de sus padres: una mujer aparentemente fuerte e independiente como la sumisa cuidadora de un hombre dominante. Y ve la auto-destrucción y la confusión sexual de su hermano mayor, Tommy (que murió a los quince, aparentemente por suicidio), como cualidades que moldearon los vínculos posteriores de Hepburn.

Mann atribuye bisexualidad a casi todos los hombres con los que Hepburn estuvo relacionada alguna vez. También otorga gran importancia a un hombre llamado Scotty, que gestionaba una gasolinera cerca de la casa de Cukor y dispensaba más que gasolina. Scotty dice incluso que Spencer Tracy fue una de sus parejas sexuales. El libro trata esas revelaciones con más curiosidad que lascivia. Mann sostiene plausiblemente que su verdadero interés es cómo se esculpió y mantuvo la gran fábula del romance Tracy-Hepburn.

”El pulpo en el garaje”, como lo describe el autor, es por supuesto el afecto de toda la vida de Hepburn por las mujeres. Desde su temprana amiga Laura Harding, que se describía a sí misma como ‘el marido de la señorita Hepburn’, a Phyllis Wilbourn, una acompañante de 40 años sobre la que Hepburn dijo: “Phyllis y yo somos una sola”, las mujeres figuran prominentemente en la mente de Mann. Su objetivo es menos detectar relaciones lésbicas que reiterar la enorme divergencia entre la imagen pública y privada de Hepburn.

Cigarrillos Hamlet

Cigarrillos Hamlet

My favorite things

My favorite things

Raindrops on roses and whiskers on kittens
Bright copper kettles and warm woolen mittens
Brown paper packages tied up with strings
These are a few of my favorite things
Cream colored ponies and crisp apple strudels
Doorbells and sleighbells and schnitzel with noodles
Wild geese that fly with the moon on their wings
These are a few of my favorite things
Girls in white dresses with blue satin sashes
Snow flakes that stay on my nose and eyelashes
Silver white winters that melt into springs
These are a few of my favorite things
When the dog bites, when the bee stings, when I’m feeling sad
I simply remember my favorite things
Like sliver white winters that melt into springs
And then I don’t feel so bad!

Red Buttons y Miyoshi Umeki 1957

Red Buttons y Miyoshi Umeki 1957

Mona Lisa árabe

Mona Lisa árabe

Cuentos del Mono de Oro

Cuentos del Mono de Oro

Rocco Siffredi, censurado por unas patatas fritas

Rocco Siffredi, censurado por unas patatas fritas

Por Teresa Morales

Hace días que vi la noticia en Cineblog.it, pero han sido los post de mis compañeros Beatriz y Carlanga, Sexo, pero no pornografía y Sobre eros y pornos, los que me la han devuelto a la memoria.

Rocco Siffredi, protagoniza un anuncio de patatas chips, “Patatine” en Italia, y aprovechando el doble juego al que se presta dicho nombre, en su país, aparece en una mansión de lujo, explicando que él de “Patatine” las ha probado de todos los gustos, nacionalidades, que no puede vivir sin ellas… en fin, el mensaje se resume perfectamente en su frase final:

Fíate de uno, que las ha probado todas

El Instituto de Autodisciplina Publicitaria italiano, que considera el anuncio, vulgar y desleal ha conseguido cancelar su emisión. A mí particularmente, aunque reconozco que es un poco vulgar, me ha parecido divertido, y lo de deseal, si que ya no lo alcanzo a entender.

Pero no le sienta mal la censura a Rocco Siffredi, al contrario, ya se está emitiendo una versión reducida del anuncio, en la que no dice palabra. Conociendo la versión original, puede que esta resulte tanto, o más provocadora, para esas mentes oscuras, que no aprecian el amor por las patatas fritas.

Los dos videos se encuentran disponibles online en Il Corrieri della Sera

Leandro Becker

Leandro Becker

Navidad, temporada de ser generoso... siempre que alguien mire

SAN FRANCISCO (AFP) - La Navidad tal vez sea la temporada de las buenas intenciones y un momento de ayuda a los necesitados, pero un nuevo estudio descubria que la gente es mucho más generosa cuando es observada por otros.
"Se ve mucho esto en las vacaciones, entre familias y redes sociales", dijo a la AFP Robb Willer, autor del estudio y profesor de sociología de la Universidad de California, Berkeley. "Por supuesto que no queremos desmitificar la temporada de entrega de regalos porque a todos nosotros nos gusta pretender que el acto es absolutamente sincero y no interesado", añadía.
"Altruismo competitivo" es la frase utilizada por Willer y su socio Pat Barclay, de la Universidad de Cornell, para este tipo de beneficencia. "El altruismo es definido en la biología evolucionista como el comportamiento que es costoso para un individuo y beneficioso para otro", dijo Willer. "No está desconectado de las motivaciones". "La gente valora el dinero y los recursos, pero también valora tener una buena reputación y está deseosa de invertir para mantenerla", indicó Willer.
El estudio, ’La elección de un compañero crea altruismo competitivo en humanos’, fue publicado la semana pasada en el periódico Proceedings of the Royal Society of London: Biological Sciences.
Willer y Barclay realizaron sus experimentos de laboratorio con 31 mujeres y 23 hombres, emparejados con "dólares de laboratorio" que podían donar a sus compañeros. Los investiagdores observaron que las personas donaban más cuando el monto iba a ser revelado a posibles compañeros futuros.
Cuando las personas podían elegir a sus compañeros, era más probable que donaran más de lo que darían para mostrar una simple señal de generosidad, entrando en el "altruismo competitivo". "La gente da más para obtener acceso a un tercero", dijo Willer. "La gente será más generosa si sabe que está siendo observada. Podría ser para encontrar una pareja. Podría ser para hacer amigos".
La investigación también podría arrojar luz sobre las donaciones a gran escala. "La edad de oro de la filantropía es ahora", anunció recientemente Peter Singer, un influyente filósofo estadounidense.
Bill Gates, fundador de Microsoft, donó 30.000 millones de dólares (22.800 millones de euros) este año para combatir enfermedades en el mundo en desarrollo. Warren Buffet, el segundo hombre más rico del mundo, hizo historia este año con la mayor donación caritativa hasta la fecha: 31.000 millones de dólares (23.600 millones de euros). "No estoy sugiriendo que Gates y Buffett no son sinceros", dijo Willer. Pero los inicios de la filantropía corporativa aparecieron justo en la época del ascenso de los grandes capitalistas del siglo XIX en Estados Unidos, recordó, citando a Rockefeller, Vanderbilt o Carnegie.

Imitación a la vida

Imitación a la vida

Janis Joplin

Janis Joplin

HISTORIA DE LA BELLEZA DE UMBERTO ECO


De Umberto Eco pocas cosas pueden sorprendernos. El autor de “Obra abierta” se maneja a la perfección en casi todos los géneros: igual explica cómo se hace una tesis doctoral e imparte consejos sobre semiótica o la interpretación, que redacta sus diarios, o es capaz de escribir un libro tan sorprendente como “Kant y el ornitorrinco”. O de ensayar nuevos modelos de narrativa histórica, con huellas de novela negra, en “El nombre de la rosa” (1980) o glosando, en cierto modo, un libro tan complejo como “El Criticón” de Baltasar Gracián en “La isla del día de antes” (1994), que es un auténtico ‘tour de force’ alrededor del complejo universo del Barroco. Hace unos meses aparecía en Italia, y ahora en Lumen, un libro que se antoja muy sugestivo: “Historia de la belleza”.

Eco, en un conciso prólogo, explica que no es éste un libro de arte (ni de la música o de la literatura), sino un volumen de las “ideas que se han ido expresando sobre el arte cuando esas ideas establezcan una relación entre arte y belleza”. Agregamos que esa relación es constante a lo largo del libro, y las riquísimas ilustraciones ratifican esa presencia y la evolución misma del sustantivo belleza, término que se usaba para definir la cualidad de algo que nos gusta. Eco, recuerda de partida, que en distintas época lo Bueno y lo Bello han sido perfectos sinónimos. Añade algunas consideraciones de interés: la modernidad ha subestimado la belleza de la naturaleza, algo que elogiaron y buscaron etapas anteriores; y que una de las funciones del arte ha sido a lo largo de la historia “hacer bien las cosas”. Precisa que este libro nace del principio de que “la belleza nunca ha sido algo absoluto e inmutable, sino que ha ido adoptando distintos rostros según la época histórica y el país”. Eco incluye otro concepto básico: la mirada subjetiva.

A partir de ahí empieza su travesía por la cultura occidental, que arranca de los griegos y de su concepto de la representación de lo bello asociado al canon, con dos citas claves. Hesíodo decía que “El que es bello es amado, el que no es bello no es amado”, y el oráculo de Delfos respondía: “Lo más justo es lo más bello”. Y en aras de otra característica muy determinante como la proporción –tan cantada por Platón-, añadía el oráculo: “Respeta el límite”, “Odia la insolencia”, o “De nada demasiado”. La belleza era, ya en Grecia, un antídoto contra los malos pensamientos o la idea del crimen. Eco, evocando los mundos de Homero, recuerda que Menelao, traicionado por la mujer más bella de la tierra, iba a matar a su esposa Helena de Troya, pero se detuvo al ver su hermoso y opulento seno.

El ciego Homero, como luego sus descendientes de la Grecia clásica, ya poseía una comprensión consciente de la belleza. Aquí Eco resume e introduce, sesgadamente, la individualidad de los objetos, asociada a la sensualidad y a la potencia de la música: “El objeto bello lo es virtud de su forma, que satisface los sentidos, especialmente la vista y el oído”, aunque en el ser humano existen otros atributos cautivadores y acaso invisibles como “las cualidades del alma y del carácter”. Los presocráticos como Heráclito matizan: “La belleza armónica del mundo se manifiesta como desorden casual”. Con este cañamazo, parece que ya queda señalado que “La Belleza es proporción y armonía”, ideal de los griegos que llegará con rotundidad hasta la Edad Media.

Umberto Eco, en su travesía por el universo de las ideas, recuerda el triángulo como símbolo de la igualdad perfecta, que pasará de Pitágoras a Miguel Buonarotti y a la proporción arquitectónica; aborda la importancia de los números y las matemáticas (para un personaje como Durero, las proporciones del cuerpo están basadas en modelos matemáticos rigurosos), y precisa el nuevo concepto de armonía como “equilibrio de contrastes”. Explica el escritor trasalpino que, casi paradójicamente, la representación en la larga y oscura Edad Media está pautada por la luz, una luz que brota del interior de los objetos, que ocultan una manantial de claridad, de ahí que se acuñen términos como Dios como luz, Belleza de fuego. Y Santo Tomás de Aquino alienta la idea de “el color como causa de belleza”.

Propia de la Edad Media es la belleza de los monstruos, representada ampliamente por El Bosco, Brueghel, Limbourg, Giovanni da Modena o el mismo Paolo Uccello. En ese momento, abundan los “bestiarios moralizados”; San Agustín aparece para esclarecer una contradicción aparente: “Los monstruos también son criaturas divinas; nacen por voluntad divina”. Y como consecuencia se llega a creer que “lo feo es necesario para la belleza”. Existe una criatura recurrente a lo largo de los siglos en la evolución de la belleza: la mujer, que pasa por distintas representaciones: la dama angelical (Botticelli), la dama sensual medieval, la dama huidiza, la dama de belleza supersensible, la Venus, que adopta una paulatina mutación. Aquí se ponen ejemplos muy diferentes en el arte: la mujer de belleza práctica de Vermeer, la mujer de belleza enigmática de Leonardo, la mujer de belleza huidiza o que se oculta de Velázquez, la mujer gracia o de belleza más inquieta, que encontramos en Durero y en los románticos… En el Barroco asistimos a una hermosura “que está más allá del bien y del mal, que puede expresar lo bello a través de lo feo, lo verdadero a través de lo falso, la vida a través de la muerte”, y recordamos aquí que la muerte es una obsesión barroca, y también será luego una obsesión simbolista.

Con la Ilustración, y en concreto con el Clasicismo, se establece una ecuación entre la moral y la beldad. Y paulatinamente irán apareciendo otros conceptos como la ambivalencia, lo sublime, la religión de la belleza o la aparición de un éxtasis sin Dios. El recorrido es realmente minucioso, y acaba con asuntos muy contemporáneos o vanguardistas: los nuevos objetos, la pasión por las máquinas, cantadas por los poetas; recuerda Eco que el gusto por las máquinas es una idea reciente. Y no puede olvidarse de una sentencia de Marinetti que ha hecho fortuna: “Un coche de carreras es más bello que la ‘Niké’ de Samotracia”. Y de ahí pasamos a la belleza de la provocación, a la revalorización de la materia y la vindicación de los “mass media” como una nueva forma de belleza, que Eco ilustra con la fotografía, con el cine, con Andy Warhol.

“Historia de la belleza” es un libro estupendo y ameno, con un aparato gráfico increíble, de excelentes reproducciones, y una inclinación a la amenidad constante, sin menoscabo del rigor.













Bob Carlos Clarke- Telefonía movil

Bob Carlos Clarke- Telefonía movil